¡El durmiente ha despertado!

Las personas necesitamos nuevas experiencias, agitan algo en lo más profundo de nosotros que nos permite crecer. Sin cambios, algo duerme en nuestro interior, algo que rara vez despierta. ¡Hay que despertar al durmiente!.

Estas palabras no son mías, sino de un personaje, el duque Leto Atreides, de la película de culto Dune (de David Lynch) basada en la serie homónima de Frank Herbert. Me gustan porque no puedo evitar leerlas como una advertencia; un ¡ay de aquél que no persiga la revolución, que no llene su vida de pruebas de ensayo y error, que no haga camino al andar!, porque entonces estará perdido en un letargo perenne de consciencia en suspensión y sentidos limitados.

Y no tengo más remedio que recurrir a lugares comunes para confesar que he visto pasar los años como estaciones que se dejan atrás cuando el tren sigue su marcha porque nadie ha pedido la parada. Pero ahora quiero resolver el gran enigma, despejar las incógnitas de esta montaña rusa de ecuaciones vitales que nos hacen ser humanos, quiero tocar la luna, y rodear el arco iris, quiero ser caminante y sembrar el camino.

En Dune ocurrió, con Paul Atreides, el hijo de Leto. Y ahora está ocurriendo, aquí, ¿lo sentís?, ¡el durmiente ha despertado!.

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