Cuando acababa de llegar al punto de arranque

Habré llegado a la plaza de la Caleta sobre las siete menos veinte y lo que estaba viendo era el final de la congregación de gente. El ambiente era magnífico porque en el colofón de la “mani” había un grupo de percusionistas que animaban el cotarro de maravilla. En ese momento desconocía la dimensión de la manifestación.

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