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Cincuenta años, ¡cincuenta! Lo voy a gritar, ¡¡CINCUENTA AÑOS!!

Joé, es que no me lo creo. A ver si puedo explicarlo. Es como si con diecisiete años, quizás mientras veía Creepshow 2 o qué se yo, Hellraiser por poner un ejemplo más caliginoso*; o mejor, Masters of the Universe; las fuerzas de Skeletor me hubiesen teletransportado treinta y tantos años al futuro, de golpe. Mi cuerpo ha cambiado, pero mantengo las mismas inquitudes que tenía aquel adolescente gordito, de cabeza redonda, pelo lacio rubio y grandes gafas.

Ahora soy marido y padre. Es un logro seguir pareciendo un adulto responsable. Pero quiero reír más, mucho más, de cosas sencillas y banales, no me importa. Quiero ignorar que en la quiniela del síndrome de Peter Pan casi hago pleno. Y quiero seguir haciendo travesuras; ¡y decir sandeces!, para que mis hijos me regañen de vez en cuando.

No estoy llevando bien esto de cumplir 50, quizás por la pesadumbre añadida de estos tiempos de incertidumbre. Pero voy a felicitarme, sí, por tener buena salud, por todo el cariño que recibo de la gente que me rodea y que sé que no correspondo; y por pensar que dentro de otros cincuenta años seguiré con las mismas ilusiones que aquel cándido adolescente ochentero.


* Mantengo un antiguo propósito de aprender nuevas palabras, y usarlas.

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